Area de caza federal, Alaska

Vuelven antiguas leyes de caza en Alaska

En Alaska hay varias zonas protegidas que son consideradas como Refugios de Fauna Salvaje. Están gestionadas por Parques Nacionales, dependiendo del gobierno federal. Son extensiones de centenares de kilómetros cuadrados. En estos Refugios, de gestión pública, vive muy poca gente, y son por lo tanto pequeños paraísos para la fauna.
La pesca y la caza de subsistencia son una parte muy importante de los ingresos (no monetarios) de una gran parte de la población de Alaska, incluyendo la mayoría de la población indígena. Cada año, los gestores de estos refugios, junto con los del “Ministerio” de Caza y Pesca, una vez hechos los estudios de población de cada especie, dictaminan cuántos animales y peces corresponden a cada habitante de Alaska para ser cazados o pescados. Principalmente, estamos hablando de alces, ciervos, caribús o salmones. Cada habitante tiene una zona asignada donde puede ir a cazar o pescar lo que le corresponde. Lo puede vender, intercambiar… con otros habitantes de Alaska. Algunos pueblos tienen incluso grandes naves frigoríficas donde congelan la pesca y la caza de cada año.

Oso intentando pescar un salmón en Hanna Creek, Columbia Británica

Oso intentando pescar un salmón en Hanna Creek, Columbia Británica

Hasta 2015, Alaska era quien legislaba para decidir qué animales se podían cazar o pescar, y de qué manera. Por ejemplo, no se puede pescar salmón en la desembocadura de los ríos, tienes que hacerlo a una cierta distancia en el mar o río arriba. Otro ejemplo era que se permitía la caza de osos y lobos, con técnicas como por ejemplo poner cebos de grasa, o entrar en las cuevas donde invernaban o estaban con los cachorros. Cazar un depredador no es tan sencillo como tumbar a un herbívoro, y se permitían técnicas para atraerlos o matarlos en situación de indefensión. Pero había otro motivo para tales prácticas. Si se cazaban más osos y lobos, se eliminaba la competencia: alces, ciervos, caribús proliferaban, y por lo tanto, tocaban más para ser cazados por la población de Alaska (indios incluidos, recordad). Y para rematar el tema, si resulta sencillo atraer a los depredadores, y se pueden cazar más piezas, se puede ampliar la oferta de caza deportiva de estos animales, lo cual representa una importante fuente de ingresos por el estado y las tribus.
El 2015, la administración Obama, bajo la presión de Parques Nacionales y de grupos de defensa de los animales, propuso y consiguió que se aprobase una enmienda sobre el tema, y traspasó a Parques Nacionales la competencia para decidir y gestionar cuales eran las normas permitidas para cazar osos y lobos (entre otros depredadores). Así pues, dejó de estar permitido poner cebos de grasa, matarlos dentro de las cuevas deslumbrándolos, o cuando están con cachorros… o simplemente, matar a los cachorros. Esta ley fue considerada una imposición federal sobre el estado de Alaska, donde la mayor parte de la población estaba a favor de las leyes anteriores. Digamos que en Alaska, indios y blancos no comparten la sensibilidad del mundo urbano y moderno hacia los depredadores, que son vistos como peligrosos y, sobre todo, una competidor por una carne de alce, caribú o ciervo, que les hace mucha falta para pasar gran parte del año. La Alaska rural es muy conservadora, en este sentido.

Alces merendando, Alaska

Alces merendando en un pequeño lago junto a la Richardson Highway, Alaska

Ahora hace pocas semanas, la administración Trump ha retirado la legislación instaurada en 2015, devolviendo al estado de Alaska las competencias para decidir que técnicas de caza pasan a estar admitidas: los lobos y los osos ya tiemblan. Los gestores de los Parques Nacionales y de defensa de los animales protestan, considerando estas prácticas como salvajes e inhumanas. Los indios se han puesto claramente del lado del estado… siempre y cuando respete su soberanía para seguir cazando cuanto más les convenga. Para haceros una idea, recuerdo que la caza de ballenas está prohibida en todo el mundo… excepto para los inuit, que mantienen sus derechos de pesca tradicionales: solo en Utqiagvik, en el norte de Alaska, a la orilla del océano Ártico, esta primavera de 2020 se han cazado más de 20 ballenas, que no son pocas. A pesar de muchas coincidencias superficiales y numerosas alianzas, los planteamientos indígenas no son ni mucho menos los mismos que los del ecologismo occidental.
En resumen, un nuevo capítulo en el choque cada vez más fuerte entre diferentes visiones sobre lo que tienen que ser los Estados Unidos.

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